sábado, 25 de febrero de 2017

El Espejo de Palmira.

Cuando Palmira leyó "El Retrato de Dorian Gray" algo se desactivó en su interior. Es posible que su edad, diecisiete años, no fuese la apropiada para las perversidades de una novela por otro lado tan malintencionada.
Se sucedieron días, semanas e incluso meses de análisis obsesivo de lo leído, y cuando llegó el verano pensó que el sol, las diversiones y la temperatura seguramente harían de la relectura del texto una experiencia más clarificadora y menos traumática de lo que había sido el primer contacto con el libertino Dorian y su putrefacta alma manifestándose en el célebre cuadro.
No fue así. Tras la segunda lectura, Palmira se sintió aún más turbada ante el dramático destino del protagonista. Lo aterrador era la suprema sed de verdad de un lienzo que se suponía inanimado; la masoquista actitud de introspección de Dorian, que parecía querer purgar su culpa por una vida llena de frivolidades y felonías por medio del sufrimiento psicológico derivado de la observación en el retrato de su propia autodescomposición moral.
Un día de aquel verano maldito, al llegar a casa, tras una tarde de risas y chapuzones en la piscina con su novio Marco Antonio, se observó, casi sin querer, desnuda en el espejo del ropero de su cuarto. Era uno de esos espejos de cuerpo entero, fijado a un panel por medio de cuatro clavos, uno en cada esquina, que en otro tiempo fueron de un dorado brillante, pero que el empecinamiento de su madre en limpiarlos con spray para muebles había convertido su oro primigenio en un ocre y sucio color castaño.
No lo había advertido antes pero, junto a la axila izquierda, aún dentro de los dominios adjudicados al pecho, había aparecido una pequeña pero indiscutible verruga. Inmediatamente pensó en aquella protuberancia como de un fruto envenenado incrustado en su epidermis, una mala hierba que salía del interior de su ser, como si alguna maldad tuviese por fuerza o por higiene que huir de su carne.
No tardó en relacionar el episodio con el lienzo que marcaba la suciedad moral del inefable en su mente Dorian Gray. ¿Y si ese espejo se convirtiese en el retrato de su alma?... ¿Sería esa verruga la señal del pecado carnal cometido aquella tarde con Marco Antonio en la diminuta cabina de los vestuarios de los chicos?...


Se vistió y se dispuso a cenar con sus padres. El verano estaba llegando a su fin pero aún quedaban unos días de vacaciones antes de empezar su periplo en la universidad. Entonces estaría más ocupada y olvidaría aquellos delirios sin sentido.
Palmira triunfaba en sus estudios de derecho. La relación con Marco Antonio se consolidaba día a día. Él no era un buen estudiante y cuando terminó el curso de mecánico entró a trabajar en un taller perteneciente a una franquicia, en un centro comercial de una localidad cercana. Fue el primero en ganar dinero y no le importó correr con los primeros gastos del alquiler de un diminuto piso que empezaron a compartir durante el último año de carrera.
Palmira insistió en trasladar su armario al piso alquilado. Decidió instalarlo en una habitación que quedaba vacía. Por supuesto el motivo de aquel engorroso trabajo era la necesidad de la joven de no alejarse del reflejo de su interior, con los años el espejo se había convertido en una obsesión.
Podía pasarse horas frente a él, desnuda, inspeccionando cada centímetro de su cuerpo, buscando alguna marca de fealdad que pudiese señalarle el camino a seguir para conservar la pureza de su alma.
Pasaban los años y éstos marcaban el paso de sus vidas y la lozanía de sus cuerpos. Llegaron otros pisos y otros objetivos. Aparecieron los éxitos profesionales de ella, convertida en una prestigiosa letrada. Por su parte, Marco Antonio observaba con orgullo los logros de la que ya era su mujer. Le entristeció la negativa de ella a tener hijos, pero él sabía que la visión de una barriga que crecía y deformaba otros rasgos de su anatomía aterraba a Palmira, que observaría en su retrato de vidrio y mercurio restos de pecado en la belleza de un cuerpo que alberga vida.
La obsesión de ella con el espejo terminó siendo enfermiza y destructiva. En cada nuevo piso les acompañaba el espejo, ya desclavado de su original emplazamiento y reformado en un espejo móvil, incluso los fines de semana que pasaban en la casa de la playa les acompañaba aquel cruel objeto.



Llegaron tiempos oscuros. Palmira observaba como sus ojos se arrugaban, sus labios parecían más secos y el cuello parecía haber perdido parte de su elasticidad.
Cuando el cabello empezó a teñirse de blanco, Palmira pasó noches enteras sin dormir. En el ejercicio de su carrera había hecho cosas de las que no se sentía orgullosa, actos mezquinos muchas veces. Sin duda eran aquellos acontecimientos los que dibujaban el envejecido aspecto que le devolvía el espejo. Le mostraba la negrura egoísta y vanidosa de su alma.
Algunos días Marco Antonio entraba en el cuarto y la observaba frente a su lienzo, le decía lo bonita que estaba, que los años no pasaban por ella y que seguía resultando hermosa y muy sexy. Y no mentía.
Ella lo echaba de la habitación y rompía a llorar. La visión de sus pechos la aterraba. Aquellas tetas que de joven tanto gustaba de mostrar en la piscina y la playa las veía ahora vencidas, rindiendo parte de su orgullo al efecto de la gravedad. Las pecas que salpicaban como el negativo de una noche estrellada el pecho, le parecían ahora manchas extensas y deformes que le daban al busto un aspecto mortecino y decadente.


El no haber estado embarazada la libraba en parte de las estrías, pero los muslos le mostraban una celulitis que su enfermiza mente magnificaba, pues para su esposo no existía ese efecto; y sus piernas seguían siendo para él dos columnas dóricas de inmensa belleza y excitante efecto.
Aquel vidrioso retrato les fue separando. Ella cada vez estaba más obsesionada. No dejaba de preguntarse cuáles eran las maldades que había cometido para que el interior vivo del espejo le mostrase una descomposición tan evidente y mortificadora. Las continuas depresiones afectaron a su trabajo. El bufete hacía tiempo que sólo le encomendaba trabajos fáciles, de rutina, mecánicos.
Hacía meses que Marco Antonio llegaba tarde a casa. Las cosas no eran como antes. Cuando se acostaban, un extraño olor a productos químicos llegaba a la nariz de ella, o tal vez era un moderno perfume femenino. No sabía en qué andaba Marco Antonio, pero no quería preguntárselo.
Un sábado por la mañana, mientras la desnudez pletórica de Palmira no era comprendida por sus ojos maldecidos por años de paranoias y reproches injustificados, pero que brillaba en contundente madurez, Marco Antonio apareció con un enorme paquete bajo el brazo.
Se encaró a su mujer, con admiración en el rostro, con sed en la entrepierna por el largo periodo de abstinencia al que le había condenado aquel espejo, aquella maldición sin gato diabólico de por medio.
Ella comprendió su pena, su dolor, su angustia al ver cómo su amor se descomponía ante un trozo de cristal. Se sintió como una persona horrible. Acto seguido empezó a imaginar en qué lugar de su anatomía se vería reflejado aquel nuevo pecado.
El enamorado Marco Antonio empezó a hablar, con emoción húmeda en la voz, pero con una pálida luz de esperanza en los ojos. Le explicó que los años pasaban, que la vida se esfumaba y que su amor se marchitaba, se perdía en las horas de búsqueda absurda y psicótica frente a un viejo espejo que sólo refleja la superficie y no el interior.
Explico a su esposa que llevaba meses asistiendo a una academia de dibujo y pintura. Que hacía tiempo que cambiaba a última hora de la tarde la grasa de sus manos por el disolvente y las acuarelas.



Le describió su vida, su tristeza viendo cómo ella se difuminaba con su propio reflejo fantasma sin entenderlo. Que se estaba calcinando su razón, que era como una persona aquejada de anorexia, una persona a la que la dismorfofobia le esclavizaba hasta destruirla en muchas ocasiones. A ella su mal le salpicaba un reflejo asesino de sí misma, como a las personas aquejada del mal de no querer alimentarse por culpa de un reflejo irreal del que huir por medio del sacrificio, hasta la desaparición. A ella le estaba pasando algo parecido: su sacrificio era psicológico. Estaba enloqueciendo por culpa de una visión dismorfofóbica de su alma.
Rompió el papel marrón que envolvía el bulto. Un tablero de 140X90 cm., un cuadro, el resultado de sus llegadas tarde a casa oliendo a pastel y pintura.
El lienzo presentaba a la propia Palmira, desnuda, con sus espléndidos diecisiete años. El pelo negrísimo y la piel tirante alrededor de los ojos y su cuello de perfecta arquitectura. Los pechos rotundos y tersos, el vientre liso, del color del desierto del Gobi y las piernas morenas y perfiladas. Sonreía, como solía hacer antes de que Dorian Gray llegase a su vida.
Los ojos de Marco Antonio se veían tristes y no demasiado esperanzados; los de Palmira abiertos como un dos de oros de Fournier. Se reconocía en aquella pintura, preciosa y reventona de pasión y amor.
- Tu espejo es un retrato maldito y embustero, pero el espejo que nunca has tenido sólo tiene un reflejo para mí, éste. Yo te sigo viendo así; te veré así hasta que la luz definitiva se extinga en mis retinas. Te lo dejo aquí, tú eliges qué reflejo prefieres.
Y tras decir esto abandonó la habitación después de besar en la mejilla a su mujer.
Cuando aún no había abandonado de todo el cuarto escuchó un estruendo con el que no contaba.  Sobre el hueco que había dejado el espejo, ahora destrozado en mil pedazos y esparcido por el suelo, Palmira estaba colocando el cuadro. El retrato de Palmira.



Texto corregido y mejorado por Paco Evánder.

viernes, 24 de febrero de 2017

Cracker vuelven a girar por España en mayo. Fechas y ciudades.


Una noticia que alegrará a muchos, entre los que me incluyo. Los señores David Lowery y Johnny Hickman vuelven a España en la gira de presentación de las canciones de su último Lp, el estupendo "Berkeley to Bakersfield".
Siete ciudades serán las afortunadas que contarán con el explosivo dúo en concierto. La suerte se alía con mi Bilbao, ya que el evento contará con la participación junto a Cracker de Marah.
Uno ha sido muy fan de los de Philadelphia, y tras unos años en los que la formación parecía abocada a la hecatombe por motivos muy variados, parece que la vuelta del hermano prudente Serge Bielanko ha devuelto al desbaratado David a la senda del criterio, y que empiezan a parecerse a la impresionante banda que fueron. Doble suerte.
Cómo nunca sobra una nueva dosis del mejor rock de variados tintes, me imagino que muchos estaréis cuadrando agendas para no perderos el show, yo asistiré sin duda.

Las fechas y lugares que visitarán:

Jueves 4 de mayo de 2017: Santiago de Compostela, Riquela Club
Viernes 5 de mayo de 2017: Donostia-San Sebastián, Intxaurondo K.E.
Sábado 6 de mayo de 2017: Bilbao, Kafe Antzokia (+ Marah)
Martes 9 de mayo de 2017: Valencia, Loco Club 
Miércoles 10 de mayo de 2017: Madrid, El Sol
Jueves 11 de mayo de 2017: Barcelona, La [2] de Apolo
Viernes 12 de mayo de 2017: Vitoria–Gasteiz, Helldorado


jueves, 23 de febrero de 2017

Caddy - "The better end" (2015)


No cabe duda de que esta reseña viene con un retraso injustificable, pues el disco del que vamos a hablar fue publicado en el verano de 2015, desde luego tiempo ha habido. Se trata del tercer disco de Caddy, un proyecto unipersonal tras el que se embosca el artista sueco: Thomas Dahl, y que en el año referido optó por amortiguar la textura de sus sonidos para el excelente Lp que hoy nos ocupa, y que se titula: "The better end".
¿Porqué llega esta reseña ahora?... Lo voy a explicar. La presencia entre nosotros de los escoceses Teenage Fanclub me ha hecho recordar este disco, que conocí gracias a mi sabio amigo: Bernardo de Andrés Herrero, responsable como todos ustedes saben del imprescindible: Mi Tocadiscos Dual.
Y es que no es difícil encontrar similitudes entre la magna banda escocesa y este sueco mucho menos conocido, pero que puede ser importante a tenor de sus canciones.
Cierto que el disco no presentó demasiada batalla mediática en su momento, pasando bastante (por no decir muy) desapercibido. Es lamentable, pues se trata de un disco de jangle pop y powerpop sobrado de buenas canciones, de rigurosas melodías dibujadas con lustrosas armonías vocales, guitarras de esencia Rickenbacker, cristalinas y amables, y la voz de juvenil color de Thomas Dahl.
Un buen ejemplo de todo esto lo podemos encontrar en la maravillosa: "Bring it back".



La presencia de Teenage Fanclub se hace notar en la fluida: "Here it comes again", de hermosa melodía y perfectas armonías vocales. También es evidente este influjo en la más rugosa pero incluso superior: "Something about Carina".
Gloriosa pira de voces y guitarras efervescentes para "Fangblenny" y en "Into the sun" nos saluda la gracia sonora de Tom Petty gracias a guitarras, base rítmica y estribillo.
El tema que da titulo al álbum viene con cierto tono psicodélico al más puro estilo Beach Boys, y "Wherever you go" es un pop de libro, brillante como un sol de primavera, disfrutable y sonriente, dotado de un estribillo radiante, un saxo sorprendente, y una percusión de palmas irresistible.



Vuelven caricias de coordenada escocesa con la excelente: "Saint-cyr-sur-mer" de gloriosas armonías vocales nuevamente.
La recta final deja de manifiesto que el presente cancionero no incorpora temas de relleno, pues tanto "Chasing clouds" de golosa liviandad; como "Beautiful strange" de mayor peso sonoro, y la bucólica: "Autumn leaves" que finiquita el Lp, eliminan esta posibilidad.
Son días de sonidos alegres como meriendas campestres, de pop gobernado por las melodías y las voces, de guitarras risueñas y fluidez sonora. Son días de Teenage Fanclub, y ¿porqué no?... también pueden serlo de Caddy.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Chuck Prophet - "Bobby Fuller died for your sins" (2017)


No ha resultado tan fácil como era de esperar, tal vez un servidor esperaba un disco del señor Prophet de nula resistencia a la empatía inmediata como en pretéritas ocasiones, pero la verdad es que en el lote de éste 2017 no ha sido así.
No es menos cierto que los que me aventajaban en escuchas me reiteraban que "Bobby Fuller died for your sins", que es como se titula el nuevo Lp del californiano Chuck Prophet, ganaba según se acumulaban los pases al mentado cancionero.
Estaban en lo cierto, en menos repeticiones de las que en un principio me temí, el álbum empieza a funcionar, y las bondades que han hecho de Prophet un elegido para la gloria rockera por muchos, empiezan a salir a flote.
No obstante, y aunque no llevan a ningún sitio las comparaciones, no consideraría justo no dejar claro que este tracklist adolece de la deseable regularidad debida ya que no todos los temas que lo conforman tienen el mismo peso. Opino sinceramente que un número inferior de canciones darían como resultado un disco más redondo y equilibrado.


Por lo demás el álbum tiene las características sónicas habituales en nuestro profeta, guitarras radiantes, teclas sutiles y necesarias, ritmo ajustado a lo que se necesita, aires ochenteros (tal vez un poco excesivos en las sonoridades de algunas baterías), toques esporádicos de aire clásico, melodías marca de la casa, coros perfectos, y el timbre y fraseo característico de Chuck, casi nada.
Como he mencionado, algunos temas no me convencen demasiado y no me parecería descabellado haberlos eliminado, pero el resto justifican para este nuevo trabajo un notable alto. Nos concentraremos en estos.
El tema de apertura, que titula al álbum, es un rítmico rock ochentero con palmas y coros que se agarran a las meninges, nos habla de la oscura muerte del interprete de la mítica "I fought the law", un gran comienzo. La continuación con "Your skin" se caracteriza por una imponente linea de bajo, las guitarras enfurecidas, los coros de la esposa de Prophet: Stephanie Finch, y una excelente melodía. También me gusta la acústica balada de tono un tanto bucólico: "Open up your heart".
"Bad year for rock and roll" es un pelotazo instantáneo, recordando uno de los años más negros de la historia del rock, aludiendo a Bowie y con un estribillo indestructible, un temazo en toda orden.
Otro momento destacado es "Jesus was a social drinker", de cierto aire setentero y una esencia glam que me recuerda a los tiempos en los que el Duque cambiaba el folk por el rock glamouroso de tendencia T-Rex.



Dedicada a Alan Vega"In the mausoleaum" es otra muestra del rock de fuerte latido y oscuras guitarras.
Vuelven las esencias setenteras con golpes glam en "I was Connie Britton".
A la bonita aunque un tanto obvia balada de tono romántico; "We got up and played" le sigue, para terminar el álbum por todo lo alto el iridiscente rock and roll: "Alex Nieto", tremendo tema de ardiente espiral sónica dedicado al joven infámemente asesinado por la policía de San Francisco en el año 2014.
Como me resisto a comparar con anteriores catálogos, diré que el nuevo disco de Chuck Prophet es nuevamente un estupendo trabajo, con momentos memorables, tal vez el regusto un poco amargo que me queda es porque a mi entender hubiese ganado con algún tema menos, de todas maneras el notable alto del que hablan muchos admirados colegas está más que justificado y coincido con esa calificación.

martes, 21 de febrero de 2017

La misma piedra y el viento del oéste.


Cuando se reencontraron, ambos huérfanos de las premisas que tutelan las vidas adultas convencionales, charlaron y rieron, bebieron y bailaron, recordaron lo bueno, lo divertido. Sólo eso.
Ninguno hizo alusión a las cadenas, estas que hoy agarran sus pescuezos y los fijan al poste de la seguridad y la rutina. No quisieron recordar a aquellas bestias salvajes con vocación de indomables que fueron, o que quisieron ser. Aquellas criaturas que devoraban cualquier atadura con las fauces de su juventud voraz y contestataria.
No parecían las fiestas de un barrio de extrarradio el lugar más indicado para el reencuentro de dos cuarentones aburridos de fracasar, cautivos de sí mismos, y con sus vidas pendiendo de la fina tela de araña que es el equilibrio mental. Parecía finiquitado el ímpetu y la pasión por encontrar vivencias apasionantes. Los años decidieron por ellos y manipularon sus mentes: "Las grandes historias están en las cabezas imaginativas y suplicantes de los literatos y dramaturgos"... Tal vez por eso ambos gustaban de escribir, para no perder del todo la esperanza.
Los tiempos prescritos por los sueños como "años de felicidad y conquistas" terminarían convirtiéndose en travesías por la rutina y el sopor.

- O despertamos demasiado pronto o nunca llegamos a dormir del todo. Lo cierto es que no supimos soñar -comentó ella mientras hidrataba la memoria con cerveza fría.

Y el resto parecía historia, la última historia a pesar de que la cuarentena no puede (ó no debe) ser el final de la obra. Demasiadas decepciones, muchas cosas que juró que nunca realizaría atenazan hoy la vida de ella, que estropeó sus preciosos ojos de no dormir, siempre preocupada, por los niños, por el callejón sin salida de su matrimonio. No pocos deseos y ambiciones se atascaron en el estómago de él, que se cerró durante años en busca de una salida que no existía, pues aún no había entrado en ningún sitio.



El caso es que el viento del este, que nace donde se fabrican los sueños inocentes y quiméricos de los niños, azotó aquella noche la ciudad llevándose por delante a un par de lobos noctámbulos que lo fueron y que un día se acostaron inconscientemente, agotados de ir quedándose solos en la pista para dejar la fantasía de la juventud en manos de otros y rendirse a la verdad de sus vidas mal construidas.
Las horas pasaban vertiginosas, la noche derrapaba contra los quitamiedos impuestos por el alcohol y los rumores de fiesta. Y los años de instituto recorrieron sus espinas dorsales: las tardes de litronas en la pérgola con la gente, los primeros romances fugaces y arrebatados, las canciones a coro, los porros, los juramentos de sangre bajo las estrellas cubiertas de polución de los últimos años ochenta, las inevitables traiciones... La juventud estallaba bajo la protección engañosa de la adolescencia aún presente, el futuro era lo de menos. Allí estaban ellos para moldearlo y someterlo al dictado de su voluntad. Luego años de olvido, caminos diferentes y no previstos, "holas" y "adioses" cuando se cruzaban por el barrio.
Y aparecieron los besos, claro, obligatorios, de amigos que nunca habían compartido pasión y mucho menos lujuria, no había remembranzas sexuales entre ellos. Eran los primeros abrazos compartidos de sus vidas.




Desde entonces se dedicaron a vivir, a pensar poco y reír mucho, a criticar al resto de la cuadrilla dispersada por el barrio… "Qué calvo está fulanito, y mira que era guapo", "cómo ha engordado menganita, con lo buena que estaba", "el cabrón aquél ha terminado convirtiéndose en un pijo que mira a todo el mundo por encima del hombro", ¡cómo ha crecido el barrio!
Evitaban las tiendas de muebles, las comidas familiares y los compromisos sociales como pareja oficial. Se encontraban sin anunciarlo, no caminaban agarrados por la cintura y no solían despertarse juntos... "Quédate hoy a dormir, los niños están con su padre"... Todo valía: confidencias, sexo, cariño, comprensión, libertad para elegir compañía o soledad. Por fin eran amigos, de verdad, como proyectaron de jóvenes. Ahora sí, se querían y respetaban, pero el viento cambió... el puto viento empezó a soplar del oeste, donde se fabrican las pesadumbres realistas y aburridas que asolan las noches de los adultos. Se enamoraron, como se prohibieron hacer... Y ahora, ¿qué?

Las correcciones, no pocas, corren a cargo como siempre de mi amigo Paco Evánder.

lunes, 20 de febrero de 2017

Los lunes... escenas de cine - "La sombra de una duda"


Sigo repasando a los grandes de la historia del cine. Y entre los que aún no habían aparecido por aquí se encuentra don Alfredo, es decir, el amigo Hitchcock.
Otro que plantea dudas a propósito de elegir un film, tiene tantos, y muchos de ellos son tan buenos, incluyendo en su legado un buen ramillete de obras maestras, que no es fácil separar uno sólo.
Pero como tampoco es cuestión de echar la noche dando vueltas al tema, ni de profundizar con actividades de búsqueda en el subconsciente sobre cual es la cinta que mejor empasta con la personalidad propia, pues he decidido barajar media docena de pelis más o menos y finalmente sin pensar demasiado elegir una. Y elijo: "La sombra de una duda".
No solo me parece una de las mejores, es que además no suele aparecer entre las elegidas en las diversas listas sobre las mejores obras del gordinflon maestro del suspense.
Siempre me ha encantado la atmósfera de esta película. Esa sensación opresiva y de temor que despierta el tío Chalie, la ceguera de su sobrina que lo admira, con la que curiosamente comparte nombre. La tensión va creciendo conforme avanza el film, en un entorno rural, salteado con las encantadoras charlas del padre de la chica (Henry Traves) y un vecino sobre formas de conseguir el crimen perfecto, y la adoración de la madre, magnífica Patricia Collinge, hacia su hermano, que poco a poco va dejando vislumbrar un pasado oscuro por el cual es perseguido por la policía, motivo que le ha llevado a ese pequeño pueblo.
Grandioso Joseph Cotten con tío Charlie y encantadora como siempre Teresa Wright como la sobrina de éste, que extraña adoración siento por esta actriz.
Pasamos tensión creciente con "La sombra de una duda" de Alfred Hitchcock.
¡Feliz semana!!!

sábado, 18 de febrero de 2017

Ya no voy al cine...


Ayer reparé en una publicación, traía la lista de películas nominadas para los Oscars. Sinceramente, los Oscars, Goyas, Césars y demás estatuitas hace lustros que me la traen al fresco. El caso es que no había en la lista ni una sola película que haya visto, y lo peor de todo... ni ganas oiga.
Me da mucha pena, porque uno ha sido cinéfilo toda la vida, de peli a la semana, y ahora me cuesta un potosí acercarme al centro comercial (otros lugares que aborrezco) a ver una película que la estadística de los últimos (muchos) años me dice a las claras que no me va a entusiasmar, normálmente si es americana y filmada en Hollywood, mucho menos aún.
Todavía hasta hace poco mantenía mi fidelidad por ciertos realizadores, pero ya tampoco. Vamos a ver, claro que me gusta Scorsese, pero sintiéndolo mucho creo que hace demasiado tiempo que no ofrece una película realmente importante: a mi no venden "Infiltrados", "El aviador" o "El lobo de Wall Street" como películas a la altura de su gloria pretérita.
Tal vez Eastwood sigue manteniendo el nivel, aunque de forma mucho más irregular y sin el lustre de unos noventa que fueron gloriosos para su papel en la historia del cine, como realizador claro. Por cierto: ¿Coppola sigue haciendo pelis?.
Comentaba el otro día mi admirado Don Guzz en un hilo del caralibro en el que nos encontramos algo así como que no le interesan nada sujetos como: Shyamalan, Boyle o Nolan... desde luego a mi tampoco, no los compro ni loco.


Cierto que todavía aparecen en las salas buenas películas (con cuentagotas) y que el público ha cambiado, y que tal vez yo me haya quedado obsoleto, que se me paro el reloj el día que falleció Capra o Wilder. Pero el cine, que era la fábrica de sueños, yo ya no lo entiendo así. Yo sigo soñando con "El bazar de las sorpresas", me sigo haciendo preguntas con "Los 400 golpes", me sigo emocionando con "Casablanca", me castañetean los dientes con "El vampiro de Dusseldorf", no dejo de sonreír (que no reír, no hace falta) con "El apartamento", mantengo mi admiración por Marlowe en "El sueño eterno", sigo vibrando con "Uno de los nuestros", temblando con "Nosferatu" y flipando a colores con "El Padrino II".
El cine de Renoir, Lang, Lubitsch, GriffithKurosawa, Rossellini, Berlanga o Allen me sigue pareciendo moderno y con una vida y furia interior irrefrenable. Los films de hoy me parecen colecciones de escenas de relumbrón pero vacías, personajes absurdos carentes de carácter y sin alma, tramas que son lo de menos y un sonido ensordecedor. Es curioso como en el cine actual todo suena como un trueno, desde abrir un cajón hasta dar un puñetazo, ¿será para que no se escuche el ruido de la gente mientras come?...

Y esa es otra, yo echo de menos cuando en el cine no te dejaban meter comida, siempre me ha parecido lo normal. Hoy suelo pensar que las películas son la escusa para que la gente se gaste la pasta en el resto del centro comercial, y por supuesto en palomitas y coca-cola. Si al menos diesen cerveza.

Pero se siguen haciendo buenas películas, otra cosa es pillarlas en una sala. Pero cada año, ajenas a los desfiles de carne, que era como George C. Scott denominaba a la ceremonia de los Oscars, y proyectadas en cineclubs y filmotecas siguen existiendo buenas películas, gandes historias.
Celebro que la gente disfrute con las películas actuales, me alegro por ellos. Como digo, seguramente el desubicado soy yo.
Pero si alguien se siente un poco huérfano de películas, emplazo al que quiera hacerme caso a no perderse títulos de los últimos tiempos tan maravillosos como: "Nuestro último verano en Escocia", "El secreto de la isla de las focas", "Quiereme si te atreves", "Timbuktu" o "Historia de un beso"... entre otras muchas.
¡Ah y Maryl Streep vuelve a estar nominada!!!...¡Qué fuerte!!!