miércoles, 26 de julio de 2017

Historias de un viajero en Viena - Un vals fantasma y vienés.


La noche ya tendía su negro manto sobre el cielo gris de Viena. Las farolas se iban encendiendo poco a poco, dando a la ciudad un encanto eléctrico y cálido que no había tenido durante toda la jornada, dominada por las lloviznas y el ceniciento tono del cielo, y por ende del aire y el paisaje.
Mi primer día en Viena había venido marcado por una atmósfera triste y lenta, que parecía retener el paso del tiempo entre sus gotas de lluvia alargadas y su muda pero impenitente brisa fresca.
El suelo empezaba a cobrarse mi insistencia en pisar sobre él con un dolor creciente que arrugaba la planta de mis pies, y una llamada incisiva y punzante me invitaba a sentarme y calentar mi ánimo con un café.
En la avenida Wollzeile, a la altura del número 10, esquina con la calle Strobelgasse, por la que venía caminando, una luz amarilla y temblorosa se proyectaba sobre el suelo de adoquines aún húmedos de la última llovizna. Miré por una ventana lateral y observé el interior de una cafetería de imponente aspecto. Giré hacia la derecha y penetré por la vetusta puerta de madera, vestida con un cristal invisible de puro limpio, y plantado en el hall, me pareció retroceder 80 o 90 años en el tiempo.
El maitre me invitó a sentarme en una mesa pequeña junto a las cinco escaleras que conducían a una altura levemente superior del local, donde una fila de sillones antiguos, de brillante madera de caoba y excelentemente tapizados en un granate taurino, discurrían en fila corrida adosados a la pared, dominando la panorámica del establecimiento. Sentados allí, tras unas exquisitas mesas de forja, coronadas por tablas de mármol blanco, los vieneses degustaban café, tartas y paladeaban el paso del tiempo, que allí parecía representar una extraña mascarada, al ritmo de un vals lejano y extrañamente conocido que parecía formar parte del mobiliario del café, junto al tintineo de tazas, cubiertos y platos.
El maitre me ofreció la carta. Lo frugal y decepcionante de la comida, invitaba a combatir el hambre con una merienda suave. Me dejé aconsejar, y en pocos minutos tenía ante mi un tazón de limpida cerámica blanca con el nombre del establecimiento troquelado sobre su superficie exterior: "Cafe Diglas".
El contenido no ofrecía un aspecto especialmente subyugante: se trataba de una especie de sopa tibia de cebolla, con un cuadrado de pan, que resultó ser un hojaldre de finísima elaboración, flotando sobre el líquido verde y humeante.
Para hacer honor a la verdad, la sopa estaba deliciosa, y el contraste con el dulzor del hojaldre ofrecía una caricia al paladar difícil de imaginar a priori. Rubriqué la merienda con un magnífico café vienes, caliente y dulce, que me beso los labios primero y jugó con mi lengua después, en lo que fue el más excitante y sorprendente juego sexual que recibía desde hacía tiempo.
Entonces, la música se elevó y un vals empezó a deslizarse, vaporoso por las dos plantas de la cafetería. Se filtraba por todos los rincones, y parecía aromatizar el aire.
De pronto, y como aparecida de la nada, una pareja empezó a bailar a mi vera. Intuía a mi espalda sus requiebros al pie de las escaleras. Nadie parecía reparar en ellos, solo yo. Me giré, y comprobé que se trataba de dos hombres: uno con rostro enjuto y rasgos de haber sufrido las inclemencias de la vida; el otro, más joven y con un cabello que caracoleaba sobre sus cejas pobladas, que parecían sostener colgados de su espesa mata negra unos vidriosos ojos tristes de color avellana.
Vestían elegantes pero desfasados trajes de lana, chalecos y corbatas de seda, y camisas de ese blanco amarillento propio de las fotos de nuestros abuelos.
El de la mirada triste, parecía consciente de que aquella era la última danza y se fijó en mi. La música parecía sentenciar al resto del local por su indiferencia, y empezó a sonar solo encima de la pareja de bailarines. Las luces se desinflaron, y un haz solitario se concentró en la pareja. Los ojos tristes y avellanados del más joven se clavaron en los míos, solitarios y sorprendidos, parecían pedir comprensión y silencio, como si implorasen que guardase un secreto.
De repente, acercó su boca de labios gruesos y ruidosamente rojos al oído de su amante, ahora sabía que era eso el del rostro avieso: su amante, y empezó a entonar con voz rota:


En Viena hay diez muchachas,

un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.


Este vals, este vals, este vals,
Te quiero, te quiero, te quiero,
En Viena hay cuatro espejos
Porque te quiero, te quiero, amor mío,

En Viena bailaré contigo


Cuando terminó la danza y el poema, la música calló, el bailarín rapsoda dejó escapar una lágrima amarilla y sonrío con amarga melancolía, besando en la boca a su pareja con el desprendido abandono del que sabe que todo ha terminado..
El maitre rompió la ensoñación preguntando si todo estaba bien.
A mi alrededor todo seguía igual que antes de aquél extraño suceso. Nadie parecía haber visto a los bailarines, ni oído el vals flotante. Volvió la susurrante música lejana y rutinaria, y la luz recuperó su jurisdicción. El murmullo de biblioteca, propio de los grandes espacios públicos de centro-Europa, se volvió un estrépito en mis oídos. La triste y extraña poesía había pasado inadvertida para todos, excepto para mi.
Di las gracias al maitre, pedí la cuenta, y busqué a la pareja de enamorados entre la bruma de décadas que oreaba el "Cafe Diglas". Todos estaban charlando animosamente. La pareja había desaparecido... o tal vez nunca había estado, todavía no lo sé.
Pagué, salí con la sensación de que escapaba de un sueño,  y me perdí con mis pensamientos, en la oscuridad, ahora total y escarchada de la preciosa noche otoñal vienesa.




El poema es, evidentemente: "El pequeño vals vienés" de Federico García Lorca. Incluido en su poemario: "Poeta de Nueva York" publicado en 1940.

Adjuntamos algún enlace de interés donde se analiza esta maravillosa composición:

https://www.poemas.de/pequeno-vals-vienes/

https://elgatoeneljazmin.wordpress.com/2014/08/07/pequeno-vals-vienes/

https://es.quora.com/De-qu%C3%A9-trata-el-poema-Peque%C3%B1o-vals-Vien%C3%A9s-de-Federico-Garcia-Lorca

lunes, 24 de julio de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Anatomía de un asesinato".


Tal y como está el tema en este santo país, se me viene a la cabeza como idónea para hoy, una película de juicios.
Para mi la mejor es "Anatomía de un asesinato". Obra maestra del gran Otto Preminger, con un impagable James Stewart y una sobrecogedora y excitante Lee Remick. Además encontramos a Ben Gazzara o George C. Scott en el reparto, todos insuperables.
Celos, pasión, rabia.. el ser humano en fría y total encarnación ante la búsqueda de la suprema verdad. En el film hay de todo y todo muy 'a flor de piel'. Desde la sensualidad frívola y malvada de la víctima hasta la honradez sin tacha del abogado, pasando por elementos humanos de toda índole, provocadores de diversas y no siempre agradables sensaciones.
El paisaje, la atmósfera, la intriga y la música de Duke Ellington redondean una de las películas más grandes de la historia, y un drama judicial sin rival.
Volvemos a revisar la magnífica "Anatomía de un asesinato".
¡Feliz semana!

domingo, 23 de julio de 2017

Los domingos photosong - Vídeo - "La noche no es para mi"


Esta semana nos hemos enterado del fallecimiento de Pepa Villalba, la cantante del grupo de pop valenciano Vídeo. Seguramente no habrá pasado el grupo a la historia por su trayectoria artística, pero no es menos cierto que tuvieron su momento de gloria en la década de los ochenta.
Un servidor era muy, muy jovencito cuando las emisoras de radio se vieron sacudidas por el estribillo de "La noche no es para mi", mega-éxito tecno-popero y temazo en opinión del que suscribe aún en estos días.
Recuerdo adquirir el casette, y hace unos años el vinilo a inmejorable precio de su primer disco: "Videoterapia", ocasión que aproveché para dedicar al mismo esta reseña.
La escucha del Lp, un montón de años después me sorprendió, no estaba, no está, nada mal y es entretenido, además contiene algún tema de enjundia.
La triste noticia del fallecimiento de Pepa me ha hecho volver a pinchar el vinilo y escucharlo de nuevo.
Fue un disco importante en aquellos días en que este sujeto (yo) empezaba a volverse loco con la música, y lo disfruté mucho.
No volvió a repetir la banda un éxito como aquél, y el grupo acabó sus días sin pena ni gloria, pero en honor a aquellos tiempos y como homenaje a Pepa Villalba, me parece bonito y correcto traer a la foto del domingo "La noche no es para mi" de Vídeo.
¡Feliz domingo!



sábado, 22 de julio de 2017

Opera: "Il Trovatore", Ayer y hoy - No solo de rock vive el hombre.

Il Trovatore en la presente versión de El Liceu. Foto de la web de TVE.

Me gusta mucho recordar aquellos años de figurante de ópera. Primero porque era jovencísimo, y segundo porque en aquellos ensayos y representaciones se cimentó una afición y amor por un género, que perdura y que sé que jamás morirá en mi.
Repasando las fotografías, me detengo en las correspondientes al "Il Trovatore" de 1997. Inmediatamente viene a mi la imagen del último acto, con Leonora moribunda, abrazada en un intenso dúo de amor por Manrico: Ana Sanchez y Kristian Johansson respectivamente. El malvado Conde de Luna (Roberto Servile) aparecía en escena flanqueado por dos esbirros, uno de ellos yo, que se encargaban de arrancar al joven trovador de los brazos de su amada, para arrastrarle al infierno.
Lo cierto es que me tocó trabajar a destajo en aquellas inolvidables representaciones de la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera), en el desaparecido Coliseo Albia. También acompañaba, escondidos en una embocadura trasera, al tenor en su triste despedida a su enamorada mientras el coro bilbaíno entonaba el miserere, imposible olvidarlo.
El coro de los gitanos y la cavernosa voz de la mezzo encargada de encarnar a Azucena: Elisabetta Fiorillo, también permanecen frescos en mis retinas y oídos.


Esto viene a cuento de la representación de la ópera verdiana que anoche pudimos ver en TVE. Una producción del Liceu y el Campoamor de Barcelona y Oviedo.
Toscanini decía que se precisaba para "Il Trovatore" de los cuatro mejores cantantes del mundo. Ayer no estaban en el escenario del Liceu, eso sin duda, pero tampoco estoy demasiado de acuerdo con el tiránico director italiano.
Me pareció irregular la representación vista ayer, con una puesta en escena obra de Joan Anton Rechi basada en "Los desastres de la guerra" de Goya, a quien se le ve como observador de algunos cuadros de la acción: no me parece que estas apariciones fantasmales del genio de Fuendetodos aporten nada a la acción en ningún sentido, pero bueno. Tampoco el atrezzo, basado en un montón de sillas que cambian la morfología de su montonera para formar elementos en entran en la acción me parece nada especial, una de esas puestas en escena con elegancia escénica pero que restan relieve a la acción.
Vestuario que hace hincapié en los colores típicos del pintor universal español, especialmente en Leonora, y una iluminación con efectos tenues.



Y vamos con el desigual elenco: el barítono George Petean suena sofocado y con unos agudos velados y abiertos, tiene problemas en su momento de gloria del segundo acto y en su inicial tour de force con Manrico. Éste en cambio si me convenció: Piero Pretti posee un timbre que se adapta bien a las necesidades del protagonista, confieso que en el tercer acto me esperaba una mejor prestación en la primera de sus dos arias, "Oh si ben mio" pero sonó excesivamente revolucionada, incomprensible decisión del director Daniele Callegari, que lastra en mi opinión el lirismo y exaltación romántica del momento; en cambio convence plenamente en el aria de "La pira", dotando al momento (realiza la versión de dos tramos y no transporta el do agudo) del desespero y heroísmo necesario y requerido.
Correcta Tamara Wilson en el terrorífico rol de Leonora, se la notó algo descontrolada en algún agudo, pero consiguió acertar en los graves y ofreció matices y un bonito instrumento.
Tal vez la más convincente fuese Marianne Cornetti, entregada y dotada de un timbre de mezzo, oscuro y potente que rellena las intrincadas emociones de la gitana.
Correcto Carlo Colombara como Ferrando, hilo conductor entre el pasado y el presente; y desigual la orquesta dirigida por Callegari, muy bien el coro del Liceu.



Maravillosa partitura, título icónico y favorito personal, esta ópera es terrorífica y pocas veces se ha grabado con absoluto éxito, no existiendo bajo mi punto de vista ninguna toma de referencia.
Por destacar alguna, por si a alguien puede interesarle la opinión de un servidor, destacaremos dos de estudio que cuentan ambas, con el excepcional Manrico de Plácido Domingo, perfecto de timbre, estilo y fraseo, pero justo en los agudos.
La primera dirigida por Zubin Mehta, con la Leonora de referencia de Leontyne Price (que inmensa soprano verdiana fue la norteamericana), Fiorenza Cossotto (otra) y Sherrill Millnes.
La segunda, con mejor y más idónea dirección de Carlo Maria Giulini (tal vez la mejor lectura orquestal que tenemos registrada): en esta, a un Domingo más maduro y centrado, pero con las mismas tiranteces en los agudos, le acompaña un elenco menos inspirado: empezando por la portentosa voz, casi siempre mal administrada de la inglesa Rosalinde Plowright, la Azucena excesivamente septentrional de Brigitte Fassbaender y Giorgio Zancanaro como el conde.
Tal vez las mejores opciones las tengamos en grabaciones piratas, lo que en el rock se llama bootleg.
Empezando por la mítica grabación de 1962 en Salzsburg, con Herbert Von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Viena, que contó con el inspirado y, esta vez si, seguro y arrasador Manrico de Franco Corelli, la Leonora nuevamente perfecta de la Price, la mejor Azucena existente a cargo de la legendaria Giuletta Simionato y el imponente vocalmente Conde de Ettore Bastianini. La dirección imapactante y de tremendo nervio del genio austriaco hace palidecer casi todas las intentonas por parte de sus colegas.



Añadiré otra toma en vivo si me lo permiten, por ser en mi humilde opinión excelente también. Esta vez el director de gran oficio Gianandrea Gavazzeni presenta en La Scala de Milan su muy italiana y verdiana lectura con las voces de la correcta Gabriela Tucci, de nuevo la excelente Giuletta Simionato, el verdiano y entregado conde del siempre grande Piero Capuccilli y el Manrico sin igual, insuperable de musicalidad, elegancia, dominio del arte de canto impuesto por el maestro de Le Roncole, siempre fiel al legato y perfecto en la afinación, aunque de timbre más seco, el gran Carlo Bergonzi (tenor verdiano sin rival durante décadas, y ahí seguimos)
Ya pueden perdonar la perorata, pero me he despertado con la escena final del Trovatore en la cabeza... y los recuerdos, y que es verano... Y que no solo de rock vive el hombre.

viernes, 21 de julio de 2017

Cuando había música en TV - Stray Cats - Musical Express


Volvemos con la sección que rememora tiempos mejores en la TV patria, aquellos en los que los programadores se acordaban de que existen más cosas además de programas txuscos con presentadores horteras y pedantes que entrevistan siempre a los mismos, cotilleos, series de garrafón con elencos extraídos de gimnasios, y fútbol, mucho fútbol.
En aquella época, la cultura tenía su sitio en la parrilla. No solo la música, el debate cinéfilo, la literatura o el teatro gozaban de minutos para deleitar a la parroquia afín a estas disciplinas.
Hoy recordamos un evento acontecido en 1981 en Musical Express. Me lo he pensado hasta última hora, pues se trata de una actuación en Play-Back.
Finalmente he pensado que tratándose de Stray Cats, que en aquellos tiempos estaban devolviendo al rock and roll pionero y al rockabilly a la primera línea de la actualidad musiquera, colaborando en el definitivo despegue de lo que se llamó nuevo rock americano, bien merecía la pena pasar por alto que no se tratase de un directo.
Al fin y al cabo la estética rockera y sofisticada de Brian Setzer, Lee Rocker y Slim Jim Phanton estaba ahí, en el mejor y más caliente momento.
Presentaban su segundo disco: "Gonna Ball", del que interpretan dos temas, a saber: "Baby blue eyes" (Burnette/Burlison) y "Wasn't that good" (Harris), ambas versiones; y que combinan con dos temas compuestos por Setzer para su debut homónimo: "Rock this town" y "Stray cat strut".
Os propongo un bailecito (que no se puede bailar en play-back) para amenizar el verano.







jueves, 20 de julio de 2017

Lee Bains III & The Glory Fires - "Youth detention" (2017)


Feliz y enérgica vuelta de Lee Bains III & The Glory Fire. En este 2017 la formación de Birmingham - Alabama, retorna a la actualidad con un trabajo rabioso, cabreado, amenazante, contestatario y dispuesto a la batalla.
"Youth detention" es una proclama en clave de rock insurgente y punk diluido en sutilidad musical. Nos hablan de, y protestan por, temas punzantes y dolorosos: enseñan las vergüenzas del milenio y vuelven a situarse en localizaciones incómodas.
La decadencia de occidente en órdenes culturales y sociales, la marginación de las minorías, las miserias del racismo, la desigualdad, el veneno de la tradición (o de algunas tradiciones), la intolerancia... El llamamiento a la reacción social... obsérvese el texto del magnífico tema inicial: "Breaking it down!".


"El santuario inhaló la tranquila 

intercesión de Ibrahim 

por los desplazados, detenidos y muertos de Palestina. 
A través de los jadeos de los profesores, la súplica tomó ala 
A las vigas, 
Su eco que se asienta en nuestras cabezas pequeñas encorvadas, 
    Y arqueó sobre los bloques grises ásperos 
    A la célula que sostuvo al Dr. Rey. 
    Las puertas se abrieron 
    y la campana sonó. 
        Todos los niños, rompiéndolo. 
        Vamos, niños. Descomponerlo.

Dentro de un almacén vid-comido, 

bajo las torres de óxido-agria, 

la verdad distorsionada zumbido a través de un reventado PA, 
Hijos e hijas de los banqueros y los granjeros, 
mineros y los abogados, 
los ojos cerrados y gritando, caderas toda asway 
    En sudoración esperanza, abrazados 
    igual Carne a los huesos, 
    Que podrán levantarse y caminar 
Sin tener que salir de casa. 
    Todos los niños, rompiéndolo. 
    Vamos, niños. Descomponerlo.

Coronado con una cadena de flores silvestres 

Desplumado desde el centro del campo, 

Él se encuentra entre los pilares iluminados por el sol de los mosquitos. 
Y, envuelto en el parloteo de jake-brake de I-20, 
gira su jersey alrededor de su estrecho pecho blanco, 
y tira su cabeza peluda hacia atrás. 
Y el acalorado consejo de chicos negros riendo 
Aplaude y grita: 
"¡Dulce de algodón, dulce como el oro!" 
Roda las caderas y sonríe salvajemente, 
Como el otro equipo, desde la montaña, 
Puntos y burlas y escupir y se acerca. 
    Pero, como una visión, el anfitrión lo rodea, 
    Brazos como alas, voz como trompetas, Rasheed se inclina. 
    Él dice: "Ahora estás en el otro lado, follas 
    con él, follas con nosotros". 
        Todos los niños, rompiéndolo. 
        Vamos, niños. Descomponerlo".



Nos conducen por intrincadas veredas estos diecisiete cortes, que buscan alborotar la paz y perturbar el sueño de bienpensantes culpables de desidia, y de ambiciosos destructores de igualdades, fraternidades y libertades de todo el mundo.
En cuanto a lo musical, Lee Bains nos ofrece unos temas que no esconden sus intenciones, y donde la electricidad brama en distorsiones y riffs, el ritmo se dispara en busca de un cataclismo, y las melodías acompañan con una -en ocasiones- perfección y belleza de lineas casi fuera de lugar.
Con el nihilismo por bandera en muchos de los cortes, no le hace ascos la banda a coplas más calmas, cercanas al rock propio del sur, como en la excelente: "Whitewash".


Pero el disco se arremolina sacudido por la electricidad y la suciedad sónica de temas como: "Sweet disorder", la inminente y vertiginosa: "Good old boy", la antirracista y stoniana: "Black & white boys", la arrítmica, de viscosa linea de bajo: "Underneath the sheets of white noise". la subterránea y garitera de esencia setentera: "I can change", el rugiente tema de esencia Stooges: "The city walls",...
No desciende la carga de actitud ni de buenos temas en el final del tracklist, destacando la excitante: "Had to laugh", la desatada y espídica: "Tongues of flame!"; o temas de redondez melódica y fácil paso como: "Trying to ride", "Commencemet address for the deindustrialized dispersion" ó el tema final, de tendencia nuevamente stoniana: "Save my life".
Restan algunos momentos de paz sonora -no muchos- como: "Crooked letters" ó la acústica: "The picture of a man".


Equilibrado, sólido, comprometido, rabioso, nihilista, reivindicativo, osado, corrosivo, ruidoso, emotivo... son algunos de los adjetivos aplicables a este excelente disco de rock, punk y southern rock que hace uso de la música para poner puntos sobre ies, y dar los puñetazos en la mesa, que empiezan a faltar. Más que notable.

miércoles, 19 de julio de 2017

The Dream Syndicate - Nuevo disco el 8 de septiembre.


Casi treinta años sin material nuevo de la mítica formación de Steve Wynn: The Dream Syndicate son muchos, demasiados.
Veintinueve años que cierran un silencio injusto con la llegada, el próximo ocho de septiembre de: "How did I find myself here?".
Tras la reunificación en 2012, y tras varios años girando, la banda se ha acogido a la forma de trabajo del sello: Anti-Records para facturar su nuevo catálogo, primera colección desde aquél lejano: "Ghost stories" de 1988.
Nadie mejor que el propio Steve Wynn para definir este disco:
"Suena como todo lo que me gusta de Dream Syndicate y sin embargo suena diferente a cualquier disco que hayamos hecho".

Adjuntamos tracklist y tema de adelanto, titulado como el disco y que alcanza más de once minutos.

The Dream Syndicate - "How did I find myself here?"

01. "Filter me through you"
02. "Guide"
03. "Out of my head"
04. "80 west"
05. "Like Mary"
06. "The circle"
07. "How did I find myself here?"
08. "Kendra's dream"